Mi Ranking de pecados capitales

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viernes, 1 de agosto de 2008

¿Cómo es la cosa?

Me venciste. No pude contigo. Lo inestable que me vuelves, la energía que me robas es suficiente razón para decirte nunca más. Eres sólo un sabor, una sensación y un mito. No eres ni fuiste parte de mí. En alguna época te aprovechaste de mi inocencia para hacerme creer que más fuerte me hacías, que eras el néctar del desesperanzado, que habías sido proclamado para ser el redentor de los sujetos que, como yo, sufrían por no llegar a conocer el amor. Eres una mentira, tu cielo es también una mentira. Pocas fueran las ocasiones en que trajiste verdadera alegría. No te odio, pero como no te necesito, y tú podrías llegar a necesitarme, te abandono, porque en mí tranquilidad no equivale a insomnio, ni alegría a tener sed, ni realización a no pensar. ¿Me venciste, o yo te vencí?

miércoles, 14 de mayo de 2008

De lo que es la música, de lo que son los géneros

La facilidad con la que puedo pasar de una canción, de un álbum, de un artista y de un género a otro, pareciera no ser una característica compartida con la mayoría. Son dos características las implicadas, o dos capacidades. La primera: la de poder englobar dentro de el imaginario musical que tengo en mi mente, y espíritu, muchas tendencias, algunas muy distantes entre sí, que pueden todas, tal vez de manera diferente, provocar goce a mis sentidos. La segunda, que, por supuesto, proviene de la primera pero podría no darse es la de poderlas combinar prácticamente sin ningún problema. Me refiero al hecho de no necesitar una barrera física o imaginaria para separar una cosa que me gusta de otra, no tener que decir ‘’ Bueno, aquí acabó al Death Metal, a partir de la próxima hora nada que supere los 120 Beats por segundo ‘’. Mi computador funciona como una emisora Crossover, pero una emisora crossover que tal vez jamás existiría, que toca Flesh and the Power it holds (Death), en seguida ‘’ The Bitter End ‘’ (Placebo), después I wouldn’t want to be like you (The Alan Parsons Proyect), Clash City Rockers (The Clash), Welcome Home (Coheed And Cambria), Cornflake Girl (Tori Amos), Fires at Midnight (Blackmore’s Night) y luego, dejemos por ahora aquí, Jihad (Slayer)… De esta forma, una atmósfera desaparece dando paso enseguida a una totalmente diferente. Se cambia de sentimientos, de época, de expectativas comerciales, y, por supuesto, aunque en el ejemplo no ocurría, de idiomas.

Aclaro, que aunque la barrera no me es necesaria a veces la utilizo. Por diversas razones. Una puede ser el hecho, compartido por todos, de que una situación emocional particular (o hasta un simple antojo) nos puede conducir a una tanda de canciones con un sonido o un mensaje bastante definidos. Otra es, claro, que los álbumes, en especial los de buena música, están dotados de un concepto, más allá de eso, un alma. Por eso muchos deben, o es aconsejable, ser escuchados de la primera canción hasta la última. Aquí llego un punto que para mí es fundamental: los artistas (no en todos los casos) han construido sus discos, y puede que toda su carrera, en torno a una unidad musical, una atmósfera y hasta una posición con respecto a la vida. Y eso es algo absolutamente notable. Que Rhapsody no hable de política, eso lo puede hacer Pennywise, que ninguno de los dos rasgue la voz que para eso está Cradle of Filth, que As I Lay Dying además de rasgarla sean cristianos, que en el Grindcore se desprecien los solos de guitarra, mientras sacan canciones con letras estupidas que duran como veinte segundos (no lo digo en tono peyorativo) y que las bandas Emo narren dramas juveniles. Todo eso está realmente bien, pero lo que me parece malo, o digamos aburrido, es que esos purismos, esos sellos característicos, que le quedan bien a los artistas porque son los que están generando arte, se nos queden como normas estilísticas impositivas a los que no somos más que fanáticos. Y esto es algo que lamentablemente se liga más a la música que a ninguna otra manifestación artística o cultural ¿A alguien lo han insultado por revolver en su estantería juegos de estrategia y de deporte? O ¿películas surrealistas con neorrealistas? Digo lamentable, por supuesto, por la enorme intolerancia, la falta de respeto por los gustos del otro que tanto se da hoy en día. Lo triste es que, como sería más correcto o por lo menos más inteligible, no se odia y molesta al que tiene los gustos más apartados e incomprensibles. No, a ese se le deja en paz, aunque igual se le desprecia. Se ataca es a quien comete la infamia de mezclar gustos buenos, con gustos profanos (Ver Origen y evolución de las especies de melómanos, en Sociología y cultura de Pierre Bourdieu). O escucha derivados modernos o de dudosa reputación (Por haber cometido exogamia, por ejemplo) del género favorito de quien lanza el anatema, o mezcla los cantos sagrados con otros correspondientes a otro estilo, que por tradición no se les ha considerado afines ni aceptados. Lo curioso es que parece que fuera más fácil expiar las culpas de alguien que ha escuchado Thrash Metal y Vallenato, que las del que ha hecho lo propio con Thrash y Screamo. Y no miento, si digo que un punteo en una canción de Kreator me recordó a Panda (que en agresividad no alcanza a rayar en lo Screamo, lo cual hace más brutal la comparación). El que encuentre parecido entre Violent revolution y Caracoles de colores que me lo notifique ya.

Para algunos, puede que exagere cuando hablo de los conflictos que surgen a partir de la dificultad de la gente para aceptar la apropiación de distintas tendencias a la vez. Y yo acepto, yo confieso, que también me llega a irritar ver sujetos con esquemas de gustos musicales totalmente inverosímiles. Pero es que ¿DLG y Helloween? ¡Por Dios! Uno, en serio, no sabe qué pensar. A veces me preocupan, y me dan risa irónica, esas conductas tan extremas. Por un lado, quien no admite nada que no sea Black Escandinavo Crudo y anticristiano, y habla pestes de Dimmu Borgir, y por el otro, el que escucha Carcass y Tito el Bambino. En verdad, estos casos tan extremos son los menos. No obstante existen, en niveles más o menos rígidos, especializaciones y purismos en el gusto musical de mucha gente. Y considero que quien no los tiene en absoluto es porque no se interesa en verdad por la música y/o tiene una visión precaria de ella. En cuanto a quién sabe más de música, creo que, en cualquier caso, no puede ser alguien que se encuentre en alguno de los dos extremos.

En todo caso, no puedo hablar por los demás, y cada uno es libre de exponer los motivos por los que su gusto musical se ve limitado. Es así que como persona me deja mucho que desear aquel que sólo escucha Metal, y también el que rechaza totalmente este género. En ambos casos, podría hablar de seres prejuiciosos o cerrados (que esas inclinaciones son meramente culturales) pero qué me dice que en realidad estas personas no tengan un impedimento en su cerebro para, en el primer caso, recibir con satisfacción una música distinta al Metal, y en el segundo, para decodificar por lo menos una cancioncita de ese estilo. Lo que sí pueden y deben comprender es que los sentidos de las otras personas pueden ser capaces de pasar por procesos selectivos distintos que los lleven a incluir o a combinar sonidos de esa forma tan ‘’ aberrante ‘’. En lo personal, diré que mi vida es amplia e indeterminada en muchos sentidos. La pluralidad que percibo en el aire, y el equilibrio que debe aparecer para todas esa cantidad de significados que vuelan libres por ahí, me hace apreciar momentos sensoriales de distinta naturaleza. No soy blanco o negro, tengo matices. Tengo sensibilidad social, pero a veces quiero algo de romance o de fantasía. Me gustan lo desgarrador, pero también lo sutil. Me enloquece un doble bombo, un teclado juguetón me pude hacer emocionar. Una voz gutural puede despertar la bestia a que hay en mí, o una etérea conmoverme. La guitarra es capaz de hablar y construir los discursos más impactantes, pero puede hacerse una bonita melodía sin ella. Con mi bipolaridad paso de la angustia a la serenidad. La música que escucho puede atravesar momentos parecidos. Pretender que sólo me guste un ritmo, es como sentenciar que sólo me van a fascinar las chicas pelirrojas, ojiazules, con zapatos rojos, rellenitas, de 1.68. Absolutamente ridículo. Puedo despreciar algunos, muchos quizá, tipos de mujeres igual que estilos musicales, pero no puedo reducir todo a una sola fórmula mágica. Y, finalmente, ahora que he descubierto que el deleite por la música es equiparable al que siento por las mujeres, entiendo porque en ninguno de los dos casos puedo hablar de una ideal. Las mujeres y la música son perfectas como concepto (sigo prefiriendo lo segundo), pero no hay ni mujer, ni agrupación perfecta (En un instante cualquiera puede parecerlo). Lo son sólo como conjunto.

lunes, 28 de abril de 2008

DE LO QUE ES EL MUNDO, Y UN POCO DE LA POCO CORDIAL RELACIÓN QUE TENGO CON ÉL

Hablo desde ésta irritación que siento. De un mundo que me aterroriza y me entristece. De la contradicción que se plantea mi existencia, cuando, en momentos diferentes, puede querer morirse mañana o vivir por siempre. Algunos sentimientos se desvanecen, camino con sonrisa que si bien no es fingida tampoco revela todo lo que se está cocinando adentro. Me deleito con belleza que no puedo tocar. Juego con las palabras, construyo frases que nunca pensé y sigo adelante. En una imagen mental amontono todo el mundo – siento que esto ya lo escribí antes. Vuelvo a lo que está delante de mí y veo caras nuevas, y en ellas la belleza pero también una suerte de abandono, una idea de degradación. Tal vez es que mi alma se corroe más, al enfrentarse al eterno retorno de los conceptos, a la guerra ideológica. Los días se reinventan pero repiten muchas cosas y yo no soy el mismo. Soy más fuerte y caigo menos en el desahucio. Toco la música que me inspira y tomó aliento de nuevo.

Me mueve el mero impulso de saber que estar vivo es todo cuanto puedo hacer. Que mis procesos mentales son el patrimonio más grande que puedo poseer. Que siempre voy a estar para recordarme que el conflicto del mundo aparece reproducido hasta en la cosa más pequeñita. ‘’ No quiero ser secuestrado, no quiero ser abaleado, no quiero me destrocen el corazón ‘’, miedos todo el tiempo. De nuevo tengo la sensación clásica, estar a punto de vomitar el corazón. Más controlable ahora, incluso comunicable. El mundo no se ha hecho menos agresivo; yo sí más preparado. Más años encima, más palabras e imágenes, caminos aprendidos, mentiras fácilmente reconocibles y unos huesos más cansados.

Este es el mundo, y la sociedad, del autoengaño. Se sabe que se vive para morir, pero no se llora por eso, ni por saber que el amor, aparte de no ser eterno, corre el peligro de que se declare su inexistencia. El espectáculo barato llama la atención de la mayoría. Y se extiende por múltiples vías. El pueblo se desangra. El dinero enloquece. Nos llena de odio una cosa y la otra. Se destruye el planeta y se acaba el agua limpia, pero no se detiene la fabricación de artículos de novedad dando la impresión de que el futuro será brillante y duradero. La música es la música y sólo importa como tal; me meto por el culo lo sensible al tacto, el iPhone y la TV Digital; la tecnología me apasiona y a la vez me enferma, y mientas sigamos avanzando va ocurrir más lo segundo. Soy de la clase obrera y qué. Mis padres no hicieron ni el bachillerato, y no soy la bestia atolondrada malhablada y manipulable que los ricos pretenden que sea. Esa clase trabajadora que por una miseria lleva al cuerpo a los extremos del esfuerzo. Pero no soy ese. En esfuerzo físico soy una vergüenza para cualquiera de esos negros tenaces que bultean todo el puto día sin pensar en que bien podrían suicidarse o iniciar una revolución para luchar por todo eso que les negaron. Dios puso en su continente de donde provienen sus ancestros una que otra maravilla natural pero ellos nunca la podrán ver y no lloran por eso. Qué basura de mundo, donde a unos se les condena a pasar años tras años moviéndose en un espacio de tierra infinitamente reducido en comparación con la inmensidad del planeta.

Me vomito en la moda, la etiqueta y el glamour. Lo que venden como correcto en términos estilísticos me tiene sin cuidado. No me gusta la gente, pero sufro cuando la matan sin razón. También cuando las humillaciones y la segregación ayudan a perpetuar esta maldita cadena de odio que cubre al planeta. Veo un mundo en el que las inequidades parecen insalvables. Donde me jodo la cabeza pensando en cochinos pesos. Donde el amor está condicionado, el engaño no se detiene y el peligro acecha en cada esquina. Yo no me muero de hambre ni lo haré. Pero una de las cosas más valiosas que tiene el hombre, y que no debería perderse del todo, es la capacidad de ponerse en los zapatos de otros. Yo no puedo hacer para nada para ayudar, y por ahora ayudarme a mí mismo es algo que en cierta forma me excede. Me percibo con una considerable porción de egoísmo. Pero no doy nada por sentado, cuestiono todo el tiempo, reelaboro mis ideas, y si es necesario que pida perdón por juicios apresurados y por sentimientos viles lo haré, si mi conciencia así lo dicta, con total honestidad y humildad. Lo único que puedo es seguir mirando a los lados, atrás y adelante, buscando explicaciones cada vez más precisas de qué es todo esto.

Acerca del que escribe

En buena medida, he dejado mi porvenir en manos de lo que la suerte pueda ofrecerme. No hago grandes esfuerzos por acoplarme a las lógicas sociales y culturales de éste mundo, el cual siempre me ha generado, y ahora quizá más que nunca, una sensación de enorme desarraigo. Intento maltratar lo menos que se pueda mi frágil cuerpo. Arrastro mi torpe existencia a través de más o menos las mismas calles. Sino, estoy en casa, alimentando mi espíritu con música imperecedera, y escribiendo, escribiendo y escribiendo. Paro, leo, o juego algún videojuego. A veces, nada de eso; me tiro en la cama, miro el tosquísimo techo mientras paso algún objeto por mis manos ligeramente temblorosas y cientos de pequeños discursos por mi mente.

Soy un inútil espectacular. No me verán derrochando virtuosismo en la práctica de ninguna de las artes nobles. Tampoco en actividades comunes y populares, como bailar salsa y reggeaton o armar porros. Soy un tributo al Dios de la apatía, un tratado andante acerca de lo impredecible que puede resultar la mente humana. Rompo esquemas de normalidad, y eventualmente acaricio la neurosis. No sigo un libro de normas referente a nada. Me es imposible identificarme de forma fuerte con un estilo de vida o una tendencia artística particular. Digo no a las sectas, a los moldes, unos más elaborados que otros, que como ideas preconcebidas de lo que se puede y se debe ser intentan amarrar cada día a la gente. Le tengo quizá más miedo a las emociones que a los fantasmas. Conozco y deploro el estado de altísima insegura que rodea nuestras vidas, pero me muevo en la ciudad prácticamente sin temor. La gente me gusta y no me gusta. En términos generales no me gusta. Pero puedo profesar cariño, amor, respeto y admiración. A cada individuo le doy la oportunidad de demostrarme si en algún punto sus sensibilidades, y las visiones que tiene del mundo, se conectan con las mías. Incluso si no lo hacen, puedo sentir cariño por ellos. No es fácil llegar a ser amigo mío. Ser un conocido cordial tal vez sí. Pero en la práctica, mucha gente me desprecia o no les importo. Algunos me estiman sin entenderme, y aunque no es lo ideal, es bonito. Siento desprecio por el hombre común, y, en la mayoría de los casos, por el hombre violento.

Puedo apreciar la belleza. Tengo un sentido crítico, ese sí, arraigadísimo a mi naturaleza. Es como mi obsesión por analizar procesos, por intentar interiorizar toda información que flote alrededor mío, por hacerla inteligible, parte de la inmensa cadena intertextual que rige el mundo.

¿Mundo libre?

Maldita sociedad anti-democrática, retrograda y opresiva. Gente que se cree moderna, pero sus cabecitas llenas de aserrín se quedaron en la puta inquisición. Los hechos: en un colegio en Manizales echan dos niñas por lesbianas. Ellas demandan, ganan la demanda, las reintegran y cuando se disponen a asistir de nuevo se encuentran con una manifestación absurda de sus compañeritas gritando que no las quieren y que le dan mala imagen a la institución. Esta es la clase de basura que sólo genera más odio. Y si las dos chicas homosexuales quieren prenderle fuego al colegio, con o sin gente adentro, yo no tendría ningún reproche para ellas. Y si los Emos a los que golpean contratan sicarios para vengarse, sería regio. ¿Por qué? Porque aquí ya no hay remedio, vivimos entre la mierda. Gobiernos corruptos, miseria que se extiende, y para rematar gente estupida y paranoica que no acepta las diferencias. Tarados que creen haber recibido la revelación de cuál es el misterio de la vida. Es eso, o simplemente las drogas, la música basura, o una tradición barata fundada por gente más inteligente que ellos, pero de todas formas estupida, les tostó la cabeza.
Maldita la sociedad. Aquí todos son Fachos, y entre ellos son peores los que visten insignias de libertad o anarquía. Pero creen en las instituciones, ellos intentan ser unas. De pensamiento uniformizado, odian a los que no están en el grupo. Son como una puta iglesia, lanzan anatemas, tienen códigos, descalifican, se creen mejores. Pero todos son basura parte del sistema. Muchos son los que caen en esta colada y a mí en verdad me dan asco.

ANTI-ANTI EMO


De forma directa digo a los abanderados de las patéticas sectas Anti Emo creadas en torno a la red que les gusta perder su tiempo, como transmisores de energías negativas, en la conformación de nuevas formas de segregación e intolerancia. La idea de odiar a los Emo (Uso el concepto con una aparente propiedad cuando en realidad es una construcción sobre la que me quedan muchas dudas.) tiene muy poco de constructiva y tiene un fondo demasiado pobre. El Anti Emo es sólo un títere, una pieza más dentro del mecanismo cultural que intenta uniformizar comportamientos, coartando la libertad de individuos que, aunque se encuentren esclavizados por estéticas (En el caso de que sea así), deben tener la libertad de esclavizarse si así lo desean. No hay nada peor que gente que se crea liberal o anarquista y decida perder su tiempo intentando atacar a quienes quieran buscar significaciones distintas en la música, las emociones personales o las formas de vestir. Si tienen algo de cerebro, comprenderán que se encuentran en una contradicción. Y a los Antiemo, cuya aversión, les venga de un cuadro ideológico fascista de ‘’ nosotros tenemos la razón ‘’ y ‘’ si están fuera de nuestro pequeño circulo de elite son nuestros enemigos ‘’, les digo dos cosas: 1) Esta es una sociedad de derechos individuales, y, mientras alguien no afecte la integridad personal de los demás, puede vestirse como se le venga en gana, hacerse el peinado de marica que quiera, ponerse un tatuaje del papa en la nalga, berrear todo el tiempo o escuchar Vallenato y Grindcore (Alternados) todo el día; y el asco que le produzca, y el daño moral para sus purismos no se considerará como un delito. 2) Si le vale culo el sistema, porque lo quiere a destruir, no sé dedique sólo a expandir odio a los Emo’s, porque ahora parecería que ellos son los únicos diferentes, sino que escriba insultos y mate a cualquiera que se distinga de usted así sea por un poquito; EJ: si usted escucha música clásica, mate al chofer del bus que escucha salsa, a su mamá que escucha balada romántica, a su profesor de filosofía que es marica, póngale una bomba a una iglesia protestante…. Y si usted sigue vivo después de eso, tenga por seguro de que no será por mucho tiempo porque tendrá todo un sequito de humanos encolerizados dispuestos a triturarle hasta el más insignificante de sus huesos. Y como siempre todo como parte de la misma y antiquísima cadena de odio y violencia sin sentido que tiene a éste planeta jodido. Si le da miedo todo eso, entonces suicídese ya.

En realidad, como defiendo la libertad de expresión en toda su dimensión, no puedo pedir que se le quite la voz a estos grupos anti emo. Que sigan en sus foros maricas de Hi5 perdiendo el tiempo insultando a los individuos que tal vez menos daño le han hecho a esta sociedad. Claro que todos los actos de violencia cometidos en el plano físico deberán pagarlos, y si aún no los han cometido aconsejo que se abstengan, porque, así les duela, hay derechos humanos, y no sólo eso si no que hay una cosa muy trágicamente bonita llamada sed de venganza, así que como está esto yo no me metería con nadie porque sí. Y si no, volvamos al ejemplo de antes.
Lo que pido es que esta gente repiense un poco el propósito de su existencia, y si el proyecto más eficaz en el que se pueden envolver es insultar y golpear a un grupo de chicos que apropiaron una estética particular (no importa finalmente que música escuchan; el emotional Hardcore original no me parece una música ni mala ni especialmente hiriente para nadie, y es mucho mejor que la bachata o el tropipop) ¿Qué clase de individuos son? Y si todo es un asunto de estética, ¿Por qué no golpear a los hombres que usan sandalias? En lo personal me parecen ridículos, visualmente prefiero toda la vida unos converse con calaveritas. Piensen en que pasaría si a todo el mundo le diera por golpear al que le parece tonto, inapropiado, o ridículo (volver al ejemplo del asesino)...

jueves, 3 de abril de 2008

Buuuh...

Fantasmeo. Fantasmeo y no existo. Existo sólo si alguien me habla o, si al menos, me ve a los ojos. Si no oyen mis pasos ni mi respiración no estoy presente, soy fantasma. Fantasma que sostiene el libro. Alguien me impacta el brazo con su pie, pero no dice ni ve porque no estoy presente. Efímero en la multitud, no experimento emoción porque no hay intercambio. Ya he salido de allí, no hubo cambio. Fantasma, fantasma que no asusta.

jueves, 27 de marzo de 2008

DÍAS DE TENSIÓN

Días de altísima tensión los que se vivieron después de que la opinión pública conoció la noticia de la muerte, en territorio Ecuatoriano, de una de las piezas más importantes dentro del Secretariado de las FARC, Alias Raúl Reyes. El inicial grito de victoria por parte de Juan Manuel Santos, ministro de defensa, y el ejército nacional, quienes aparecían en televisión con una imborrable expresión de satisfacción por haberle propinado a las FARC ‘’ el peor golpe de su historia ‘’ , se vio opacado, casi inmediatamente, por las reacciones indignadas que se produjeron en el exterior.

Desde ese momento, dio comienzo un largo calvario que hizo a muchos temer lo peor. Ya sabemos como, finalmente, se resolvió todo, pero esos días de incertidumbre nos pusieron a pensar mucho sobre lo grave que es nuestra situación. No es un secreto que en los últimos años Suramérica dio un importante giro a la izquierda del cual Colombia no hizo parte. Esto pone al País en una posición en la que no puede esperar demasiada tolerancia de sus vecinos más cercanos. La relación hostil, en especial con el gobierno de Hugo Chávez, es una historia que lleva varios capítulos, y se espera que aparezcan más. Resulta alarmante que con el vecino con el que se comparte un mayor territorio fronterizo se tenga una relación tan poco amigable, con gobiernos que no se cansan de difamar al otro. Y Sorprendente resulta que un presidente que llama ‘’ terrorista ‘’, ‘’ Asesino ‘’ y por el estilo a otro, una semana después, o tal vez menos, termine estrechándole fraternalmente la mano, y hablándole en tono de complicidad. Como diría Joaquín Sabina, viendo esto, ‘’ uno no sabe si reír o llorar ‘’. Al parecer, ahora el circo se extendió a todo el continente, y uno se pregunta cómo algo tan serio como la seguridad de las naciones, termina asemejándose a una pelea de niños que jugaban canicas.

Precisamente, la expresión ‘’ Terrorista ‘’ es una de las más problemáticas hoy en día. Unos quieren eximir de éste título a un grupo armado, que en pos de su proyecto revolucionario, ha asesinado, masacrado y secuestrado. Y otros, tal vez los mismos, hablan de acto terrorista contra una nación, cuando un gobierno ‘’ democrático ‘’ avanza unos cuantos metros en su territorio, y bombardea el campamento construido por compatriotas, asesinando a compatriotas que tiene orden de captura. Si nos olvidamos de protocolos, leyes, sentimientos y derechos, diríamos, que en la práctica, lo malo que hizo Colombia en contra de intereses ecuatorianos fue a causarle terror a un pedazo de selva chamuscada, matando a uno que otro insecto mal aventurado. Ni siquiera lo suficiente para producirle angustia mental a ningún habitante del país vecino. Reitero, digo éstas cosas olvidándome de toda la charla protocolaria… Si fuera por mí, ni siquiera existirían las fronteras ni las banderas, y, a lo mejor, tampoco los ejércitos. Tenemos un problema, a escala global, que se resume con una cita de Montaigne: ‘’ Qué clase de verdad es la que se encuentra separada por montañas, y se hace mentira al otro lado de esas montañas ‘’. ¿Cómo es que un líder rebelde por cuya muerte, en su propia patria, se siente un fresco generalizado, en el país de al lado se le rinden homenajes?

Alguno hasta pudo haber sentido un poco de placer ante el imaginario de guerra que los medios alimentaron bastante bien. Los cuadros comparativos, al estilo juego de Risk o Age Of Empires, entre cuántos tanques tenía uno y otro, la lista de posibles aliados, enemigos y neutrales, etc. Estaban a la orden del día. ‘’ Al menos una guerra trae cambios ‘’, se escucha decir a veces. Bueno, no ocurrió, pero nadie dice que ya no ocurrirá. Esto sigue, y si entendemos más o menos los problemas del país, creeremos que ni el acuerdo de la reunión de Río, ni ningún otro acontecimiento a corto plazo va a cambiar decididamente el panorama.

UNA PALABRA

Yo intentaba buscarle significado a cosas. Entre ellas a mi vida. El estado represivo se había tornado especialmente desagradable. Si no había desahogo, mi mente no podría trabajar bien. Tampoco mi cuerpo, y, en medio de ese malestar, el lenguaje había perdido su gracia, y las palabras, que era lo único que amaba, ya no producían ese mismo placer. Leídas o escritas por mí, pero con rabia y frustración, ya no ayudaban a apagar el incendio que crecía adentro. Y esta vez la música ayudó, cuando vi en la pantalla de mi computador el título de una canción que enseguida me hizo decir ‘’ qué palabra más encantadora ‘’. Tenía un halo de misterio innegable (¿vendría de Sátira, de Satín…?). Tanto que no fui capaz de pronunciarla. Primero, no sabía si existía en castellano, y segundo, dónde llevaría el acento entonces. Seguí un momento con mis cosas, pero con la palabra en mente. El contexto en que la había aprendido me prometía grandes cosas. Estaba en la tarea de llenar un formulario en Internet. Y como mi mente otra vez se estaba yendo de paseo a tierras calidas, corté para, de una vez, salir de dudas.

Lo que leí me produjo inmediatamente una expresión de felicidad malévola en el rostro. ‘’ Qué palabrita tan encantadora ‘’. Me alegró a sobremanera que a mis diecinueve años el idioma me siguiera sorprendiendo gratamente. Era como un triunfo sobre algo, sobre cualquier cosa, no importaba. La ausencia de tildes no daba aún completa seguridad de cómo debía pronunciarla. Dije que amo las palabras, y es porque son las amigas que me ayudan a defenderme en el mundo. Y acababa de ganar un aliado para el resto de mi vida. No me iba a hacer mejorar mi estado, pero sí a explicarlo y verlo como algo más bonito.

¿Sufre usted de alguna enfermedad? ¿Cuál? Mientras tecleaba la respuesta, dije con fuerza usando el acento que me pareció más elegante ‘’ Sí. Satiriasis Crónica ‘’.

lunes, 24 de marzo de 2008

¿Poco práctico?

Pronto aprendió a distinguir las cosas que se suponía eran arte de las que (se suponía) no lo eran. Había una ley universal en ese punto y era que cualquier cosa podía ser arte, excepto algo que él hiciera. O haría arte, en su acepción de mera manifestación de la visión humana, pero, en todo caso, no un buen arte. No lo era, ni como muestra de algo original y sorprendente, y menos como una buena imitación de cosas ya creadas. La imitación era pésima y lo nuevo no era visto con buenos ojos. Tener una mente perturbada no lo había hecho, como en casos celebres, privilegiado a la hora de crear. Se dio cuenta de que la locura no le había servido para eso, y entonces se le ocurrió que tal no existía y que había inventado esa mascara de insanidad para esconder la triste realidad: que era tan común y corriente como un pepino. Como me pasa cuando escribo estas líneas, descubrió que en ocasiones tenía severos problemas para encontrar las palabras y para definir los conceptos que necesitaba, y eso lo hizo pensar que no había nada mágico ni especial en su mente. No había nada de poético en mantener esa imagen de trastornado, para un individuo incapaz de destacarse en nada ante el mundo, sin una forma eficaz de expresar esa supuesta independencia de mente y espíritu.

Caminó por un lugar a cielo abierto. Y siguió meditando. Se vio por un momento como un individuo más o menos convencional. Sin una sensibilidad especial. Con un sentido de la estética más bien pobre. Miró sus manos temblorosas que lucían ridículas como siempre. Sabía que la destreza de ellas estaba bastante por debajo del promedio. Pero su torpeza no era independiente. Eran sólo un reflejo de su mente. De ahí provenía el bloqueo artístico. De una mente estéticamente primitiva, que no podía maravillarse con el arte grandilocuente, y que recibía con demasiada apatía toda información correspondiente a conceptos estilísticos de formas, ritmos y colores. No había venido al mundo a provocar goce. Aunque en otra forma quizás sí. Pero, si no era científico, deportista, y tampoco artista ¿Qué sería? ¿Qué lo convertiría en alguien digno de ser amado?

Vio pasar a su lado chicas vestidas de forma llamativa, se distrajo, tropezó con una irregularidad en el suelo y cayó sobre el barro. Se ensució bastante la chaqueta. Mientras se reincorporaba pudo ver que las dos muchachas se reían disimuladamente. Entendió que si evaluaba el valor de su existencia con base en los logros reconocidos por los demás, y en la percepción general que ellos siempre habían tenido y tendrían de él, no tendría otro remedio que matarse. Pero como el ser humano es capaz de separarse, y darle sentido a su vida a través de la mera autocomplacencia, esa persona aún vive y entiende que el poder puede estar más allá de las facultades más fácilmente demostrables y admirables.

martes, 11 de marzo de 2008

ELLA

Sirvió para subirme el ego, pero ella no es especial. Ella no es significante. Ella no posee ningún atractivo que yo pueda admirar. Sus rasgos físicos rayan en lo simplón, pero ese es el menor de los males. Es banal entre lo banal y sus palabras carecen de magia. Sus labios no están mal, pero de haber emitido una que otra frase sorprendente hubiesen sido verdaderamente deseables. Al principio quise parecer interesante, aunque no me importara de a mucho, para después terminar, cosa que casi nunca pasa, luchando para aburrirla más. Yo no podía molestarme más con su presencia, pero ella sí con la mía y por eso lo hacía. Fue una faena deliciosa, viendo como desconcertaba a uno de los seres más aburridos que he conocido en mi vida. A veces sólo basta una frase para que una persona se haga interesante a mis ojos, ella, por su naturaleza, ni en mil años lo hubiera logrado. A ninguno le importa el otro, a lo mejor ya se olvidó, y sin embargo yo invierto tiempo y energías escribiendo estas líneas que ella nunca leerá. Me refiero a ella, porque el trago agridulce de su presencia se perpetuó en el desagradable olor de su perfume que a veces siento en la calle y porque no sólo es válido escribir sobre alguien a quien amas u odias. También puedes hacerlo sobre alguien quien te importa tan poco, que el saber que nunca lo volverás a ver no afecta en lo más mínimo tu actitud. Ella es tan sólo parte de esa gran masa de gente con la cual yo no debería desperdiciar tiempo (desperdicio sólo comprensible si, como dije en el principio, incrementa mi autoestima) ni compartir absolutamente nada. Ella representa, en buena parte, la destrucción de una fantasía que el establecimiento me había vendido. Tal vez la fantasía todavía pueda ser válida, pero esa no es la manera.

GANAS DE NO HACER NADA

Conozco a una persona que le tiene mucho miedo a morir, prácticamente el mismo que le tiene a vivir. Se molesta todo el tiempo por no tener suficiente tiempo para hacer tantas cosas que le gustaría hacer. Pero el verdadero problema es de motivación. O su mente enferma a su cuerpo, o es al contrario. En todo caso, no es raro que termine sintiéndose un despojo. Como si cierto vínculo roto con la vida, tal vez desde el principio, fuese irreparable. Siente el amor en el aire, pero duda tanto que a lo mejor lo eche a perder. Ni siquiera se reprocha ya, se acostumbró aunque quisiera seguir pensando que todo depende de él, que está en su mente, pero cuánto más cae, no se acerca, se aleja más. Y aun cuando todo estuviese en su mente, no sé puede creer que lo vaya a superar. Se acuesta a suspirar un rato, porque la vida tiene cosas bellas, pero él no las va a saber aprovechar y sólo puede fantasear con cómo sería. Y es casi seguro que las oportunidades que va a desperdiciar en el futuro dolerán aún más, porque vendrán cosas más hermosas y a la vez inalcanzables. Por otro lado, se le puede ocurrir que no ha desperdiciado nada y que todo debía ocurrir por alguna razón. ¿Necesitaba Dios a una persona tan conflictiva? Tal vez para divertirlo, quizá para probar alguna cosa. Esta persona se prueba todo el tiempo. Se sorprende gratamente y se decepciona. La más de las veces, lo ha aprendido, simplemente acepta las cosas porque eso es él, pero él es, en realidad, indeterminado, inasociable, incomprensible. Yo que lo conozco no lo comprendo del todo. A veces simplemente no tiene ganas de hacer nada. No pertenece a ningún lado, y puede que ni en su hogar se siente seguro. Ama su cama, y ella tal vez lo ame a él. Su familia lo ama pero tampoco lo puede ayudar. Si termina pensando que no existe nada malo con él será sólo porque la belleza del mundo tocó en un instante la bello que hay en su alma, y seguro porque su sistema nervioso, a veces parece que funcionará así, lanzó un dado y salió un buen número… Él no puede negar la importancia del azar. Como decía, intentará esconder esos problemas reales tal vez porque no odia a la gente, no mucho realmente, y quisiera serles útil y ganarse su respeto o amor. Yo que lo conozco puedo saber que es un ser hermoso e insano, que ha conocido la tormenta y la calma.

INÚTIL



Pongo música y trato de hacerme el despreocupado. El que sólo mira al techo y aplasta las almohadas contra su cuerpo. El que lee cosas que no importan y que, en la mayoría de los casos, ya ha leído antes.

Sufro la Gastritis crónica que no se curará nunca con brebajes o píldoras. Conozco el nombre de la cura, Serenidad, pero no dónde conseguirla. Muevo la cabeza y la parte superior del tronco por el impulso que me brindan unos guitarrazos post-hardcorianos y una voz sucia que no llega a ser gutural. Me emociono con estribillos de angustia joven ¿Qué más se podía esperar? No me identifico con un tipo especial de música… Como existen grupos formales de fanáticos para prácticamente cualquier género, la única forma de ser verdaderamente independiente es escuchar cualquier cosa que el cerebro capte con goce, sin querer buscar una unidad ideológica o estética, y así, se termina siendo finalmente uno, y no otra cosa mediada por valores preestablecidos.

Me muevo a través de mi habitación escasamente decorada y recuerdo que mi mente no tiene prácticamente ningún ideal sectario; los moldes culturales son tentadores, lo acepto. Aún me tientan, y son atractivos porque permiten sacar de a poco la original extrañeza del mundo. Pero ese sentimiento no se va ir, y no puedo, y ya no quiero, llegar a ser un algo que se anteponga a mi nombre, y a esta complejidad espantosa de ser humano que lo acompaña.

Entonces, decía, sigo en mi cuarto rodeado por el reguero de cosas que mezcladas resultan una bonita analogía de mi cerebro. Como guardo tanta basura en mi cuarto, la metáfora es aún más precisa. Está el Eevee al que parece que se le van a acabar, después de siete años, las pilas, la caja de un Mouse que desde que lo compré tiene el problema de cursor tembloroso (y por eso me recuerda tanto a mí), una billetera del América de Cali con diez estrellas, una grapadora a la que ya no le puedo meter ganchos, una cámara fotográfica que ya nadie usa y cajas y cajas y más de cajas de CDS piratas que dan cuenta por un lado de la diversidad de mi gusto musical (aunque no tanto como mi reproductor de Windows Media) y, precisamente por culpa del paréntesis, de la poca importancia que ahora tiene la representación física de la música.

En mi cuarto se escucha una gran variedad de música; a veces hasta un poco de reggeaton cuando pongo las emisoras juveniles en la mañana. Y eso porque cuando salgo del cuarto, están diciendo alguna noticia curiosa, y cuando vuelvo de cepillarme está sonando algo de Wisin y Yandel. Creo que no son tan malos. Si a las personas les gusta debe ser por algo. No soy quien para discutir la capacidad mental de estas personas. Detesto el género y soy uno de los seres menos productivos que conozco. Así que sería un pésimo ejemplo para una campaña que dijera que el Reggeaton le hace daño a la sociedad.

Vuelvo a arrojarme sobre la cama porque ella siempre me llama. Vuelvo a pensar en las chicas que nunca tuve, y en la canción que no he podido terminar. Comienzo a crear versiones distintas de la realidad; cosas con otros nombres y colores. El mundo es sólo uno: existe sólo un hombre más rico del mundo (Creo que es el mexicano), ningún caballo volador, menos comida de la que quisiera, y las fechas de las guerras no se pueden cambiar. En mi mente empiezo a cambiarlo todo, a construir países distintos, o a pensar en los mismos pero con presidentes que se llaman de otra forma. Las cosas son a veces menos complicadas, o a veces lo son más. Es verdad que me interesa aprender todo del mundo real, pero eso no indica que me conforme tal como es.