Pronto aprendió a distinguir las cosas que se suponía eran arte de las que (se suponía) no lo eran. Había una ley universal en ese punto y era que cualquier cosa podía ser arte, excepto algo que él hiciera. O haría arte, en su acepción de mera manifestación de la visión humana, pero, en todo caso, no un buen arte. No lo era, ni como muestra de algo original y sorprendente, y menos como una buena imitación de cosas ya creadas. La imitación era pésima y lo nuevo no era visto con buenos ojos. Tener una mente perturbada no lo había hecho, como en casos celebres, privilegiado a la hora de crear. Se dio cuenta de que la locura no le había servido para eso, y entonces se le ocurrió que tal no existía y que había inventado esa mascara de insanidad para esconder la triste realidad: que era tan común y corriente como un pepino. Como me pasa cuando escribo estas líneas, descubrió que en ocasiones tenía severos problemas para encontrar las palabras y para definir los conceptos que necesitaba, y eso lo hizo pensar que no había nada mágico ni especial en su mente. No había nada de poético en mantener esa imagen de trastornado, para un individuo incapaz de destacarse en nada ante el mundo, sin una forma eficaz de expresar esa supuesta independencia de mente y espíritu.
Caminó por un lugar a cielo abierto. Y siguió meditando. Se vio por un momento como un individuo más o menos convencional. Sin una sensibilidad especial. Con un sentido de la estética más bien pobre. Miró sus manos temblorosas que lucían ridículas como siempre. Sabía que la destreza de ellas estaba bastante por debajo del promedio. Pero su torpeza no era independiente. Eran sólo un reflejo de su mente. De ahí provenía el bloqueo artístico. De una mente estéticamente primitiva, que no podía maravillarse con el arte grandilocuente, y que recibía con demasiada apatía toda información correspondiente a conceptos estilísticos de formas, ritmos y colores. No había venido al mundo a provocar goce. Aunque en otra forma quizás sí. Pero, si no era científico, deportista, y tampoco artista ¿Qué sería? ¿Qué lo convertiría en alguien digno de ser amado?
Vio pasar a su lado chicas vestidas de forma llamativa, se distrajo, tropezó con una irregularidad en el suelo y cayó sobre el barro. Se ensució bastante la chaqueta. Mientras se reincorporaba pudo ver que las dos muchachas se reían disimuladamente. Entendió que si evaluaba el valor de su existencia con base en los logros reconocidos por los demás, y en la percepción general que ellos siempre habían tenido y tendrían de él, no tendría otro remedio que matarse. Pero como el ser humano es capaz de separarse, y darle sentido a su vida a través de la mera autocomplacencia, esa persona aún vive y entiende que el poder puede estar más allá de las facultades más fácilmente demostrables y admirables.


1 comentario:
Esto lo pienso como una acción pública peligrosa que había proyectado antes de ser feliz y cuya ejecución me parecía abominable, sinceramente me he conectado con la ultima parte y tengo la convicción de que por nada del mundo la llevaría a cabo. Demasiada cobardia de mi parte segun mi persepción.
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