Mi Ranking de pecados capitales

  • Lujuria
  • Pereza
  • Ira
  • Gula
  • Soberbia
  • Avaricia
  • Envidia

martes, 11 de marzo de 2008

ELLA

Sirvió para subirme el ego, pero ella no es especial. Ella no es significante. Ella no posee ningún atractivo que yo pueda admirar. Sus rasgos físicos rayan en lo simplón, pero ese es el menor de los males. Es banal entre lo banal y sus palabras carecen de magia. Sus labios no están mal, pero de haber emitido una que otra frase sorprendente hubiesen sido verdaderamente deseables. Al principio quise parecer interesante, aunque no me importara de a mucho, para después terminar, cosa que casi nunca pasa, luchando para aburrirla más. Yo no podía molestarme más con su presencia, pero ella sí con la mía y por eso lo hacía. Fue una faena deliciosa, viendo como desconcertaba a uno de los seres más aburridos que he conocido en mi vida. A veces sólo basta una frase para que una persona se haga interesante a mis ojos, ella, por su naturaleza, ni en mil años lo hubiera logrado. A ninguno le importa el otro, a lo mejor ya se olvidó, y sin embargo yo invierto tiempo y energías escribiendo estas líneas que ella nunca leerá. Me refiero a ella, porque el trago agridulce de su presencia se perpetuó en el desagradable olor de su perfume que a veces siento en la calle y porque no sólo es válido escribir sobre alguien a quien amas u odias. También puedes hacerlo sobre alguien quien te importa tan poco, que el saber que nunca lo volverás a ver no afecta en lo más mínimo tu actitud. Ella es tan sólo parte de esa gran masa de gente con la cual yo no debería desperdiciar tiempo (desperdicio sólo comprensible si, como dije en el principio, incrementa mi autoestima) ni compartir absolutamente nada. Ella representa, en buena parte, la destrucción de una fantasía que el establecimiento me había vendido. Tal vez la fantasía todavía pueda ser válida, pero esa no es la manera.

No hay comentarios: